Ya todo está perdido por cinco años más. No puedo reproducir esa foto infame. Tengo el mismo y maldito gesto punk de la libreta universitaria a los dieciocho.
Ayer miraba en Film & Arts un ciclo sobre la historia de la fotografía en donde hablaban de Sander y un retrato de una mujer con un bebé, sentada en el pasto. La escena podía ser de un día de campo. La expresión del bebé era la típica del niño interrumpido en la acción del juego, cuando el pensamiento sobre el juego aún sigue rondando: entretenido y lejanamente nostálgico sobre el instante anterior a la foto. La de la mujer en cambio, nunca mejor descripta por el sujeto que la comentaba en el programa, quien decía más o menos lo siguiente:
“En el momento que vi esta imagen observé la expresión esperanzada del niño, pero al observar a la mujer no pude dejar de pensar que con su mirada me decía que aunque hiciera lo que hiciera, no podría rescatarla de su situación”
Al momento de escuchar esto y el énfasis que el sujeto ponía en describir su impresión caprichosa ante esa pose de una mujer desconocida en condiciones desconocidas, simplemente sosteniendo un niñito; casi salté sobre la cama: la correspondencia era absoluta con la inquietante impresión que causaba sobre mi.
Luego volví a revisar las fotos de Sander, no encontré esa imagen. Tal vez ya ni hablaban de él y el fotógrafo era otro. Como dije, al revisar las fotos de Sander observé las expresiones de cada retrato y traté de determinar a partir de qué momento comenzamos a posar la típica sonrisa de foto, que sin dientes, es un acto fallido, un gesto contenido que significa ” no soy parte de esto”.
Y “esto” qué es? Nadie lo sabe a ciencia cierta. Antipatía u orgullo?
La foto de mi pasaporte tiene esa sonrisa cerrada, mueca de negativa, desaire de cuchara.
La felicidad con dientes es un animal salvaje enredado en las cadenas del Zoo. Me dá un miedo que se parta el fierrito!
Y llegó el pasaporte…
– November 26, 2009Posted in: sujeto - circunstancia
aydesa,
en todo caso gracias por esta foto.
tus relatos son manjares.
el remate del desaire lo guardaré por siempre junto a célebres de macedonio, FH y otros que no sé escribir o no estoy seguro de hubieran pensado lo que pensaron. Mi pasaporte, llegado hace 2 meses, tiene un vistoso sello de agua brillante que me deforma la mitad de cara. Por suerte, atrás hace justicia el blyn, básicamente, me devuelve reconocible.
saludos merendados,
a que acá soy c aunque ahora podría ser t si apareciera el cuadradito blogguer ese
momento!
con anterioridad, en un descuido lector,
leí a piaccere:
“desaire de cucaracha”
jajaj…no es que no me guste el de cuchara…
además vos no lo tomes a mal aydesa,
sos más morocha en todo caso y no tan pelirroja
y más bella que la en cuestión confusa
imperdonable coniglio
como quisiera yo que las cucarachas y pinchudos diversos me desairen siempre, siempre, siempre. si hay algo que un insecto no comprende es que no debería cruzarse con me.