En la mesa, en una entrevista, en la alcoba: de religión, de política y deportes.
Tampoco debe preguntarse por los padres o los hijos _ me señaló alguna vez una trastornada _ con el cuidado de no trastabillar con semejante pregunta un duelo reciente, una neurosis sin contrato y todas esas vulnerabilidades que nos hacen humanos.
_ Cómo se te ocurre preguntarle “y tus papás?”; no te dás cuenta tarada que por ahí no tiene papás?
Sobra decir que todo esto resulta muy absurdo para mi, al tener que resignar etiqueta por hipocresía, o peor aún, convertir cualquier charla en una sinopsis de contratapa de video de alquiler. Si hay algo que evade ese dorso es “el tema” y el tema es siempre saber o saber; es decir, saber del otro o saber lo menos posible del otro; que tampoco resulte en un “nosaber, pues esa ignorancia no hará otra cosa que colocarnos más cerca del remate de masitas que de las bocas bebedoras del té social.
Otro tema vedado es el de los ingresos. Preguntar por la prosperidad económica de los amigos es más irrespetuoso que chismosear sobre los malos negocios de un desconocido. Quiero decir que algunas veces me interesa saber sobre esto, como atajando solidariamente en equipo la ignorancia de una eventual estafa por “sonsos y profesionales mal valorados”, o simplemente por compartir los progresos con alegría; al estilo:”fulano se ha roto el culo y ha obtenido ese título, ese puesto, ese tallercito, o esa mina”. Al fin y al cabo todo es una simulación por la sortija y otra vuelta.
También me inquietan los nichos culturales y sus especificidades postmortem. Nada peor que escuchar el convite “hablemos de poesía” o de química industrial, no sin antes calzarnos estas antiparras con espejito retrovisor del psicoanálisis. Poesía de todos modos no quiere que le hablen y el psicoanálisis no es un traductor multilingüe entre el Yo y la Realidad. La gente no deja de atravesar desesperadamente complejidades de no más que un estado “apagado-encendido”.
Algunos amigos siguen hablando de marxismo y anticapitalismo. Yo los quiero igual, pero lo siguen haciendo. Estimo que nunca desistirán. Son los que mas despotrican y también los que tienen mayores dificultades para vivir. Dudo que por embates morales, ya se los he dicho, y no mas que por ineptitudes diversas como la de no saber vivir sólo, o por cuenta propia.
Tengo unos afiches de propaganda que suelen animarse en calesita -cabecita durante estas charlas. Ustedes saben, aquellos rojos de geómetra vodka ruso.
También tengo de los otros, obsesionados por conquistar un auto con diferentes intensidades de trompadas de airbags “por si te matás de un palo”. Para ellos recurro al sueño habitual donde manejo un convertible blanco con destreza y rizos al viento, sin otro conductor que fastidie en la periferia.
Y qué me interesa? Particularmente esas charlas de miopes o astigmáticos. Charlas ópticas.
De lupa, de corto alcance, como los detalles del Conejo Cortese inmerso en su curso barrial de “guitarra per tutti”, donde relata cómo algunos quieren aprender guitarra sin sacarla de su casa, casi por ósmosis, casi por mímica.
Charlas estereoscópicas donde Anahí me calza un dispositivo de prepo, forzando el foco para que interprete sus sueños. Yo le fuerzo a lo mismo. Creo que las lentillas están medio manoseadas.
Otras bifocales, de tios inmigrantes que detestan las habas por haberlas comido durante meses haciendo plop! sobre un caldo napolitano en erupción. Estas son casi audiovisuales.
Microscópicas, repletas pero unicelulares, como las de Norma, donde ocurre su realidad sobre la pauta del noticiero, minuto a minuto, mutación a mutación y exclusivamente en vano.
Hoy me levanté say no more, y quiero hablar “de otras cosas”.

No haber estado…así charlábamos, justo yo tenía un día de esos.
Pasame los lentes.