Sigo con Los Miserables, arribado a mis manos hace unos meses y producto del desbarate de biblioteca de mi tía Olga (la que fuera maestra hasta convertirse en comisario de la didáctica y cantante soprano de segunda mano aunque no esté tan mal), quien viendo estos tomos sin tapas y con tanta letrita chiquititititititísima se sintió conminada a legarlos sin entusiasmo.
Realmente este Victor Hugo (alias culo inquieto) es una tromba. No había reparado en ello. En realidad fué mi abuelo Beto el que me entusiasmara de infanta con Lucrecia Borgia, cosa que leímos salteado y a la que no presté demasiada atención salvo por los envenenamientos. De aquellos encuentros atesoro la cara del viejo Berón, con esas risitas cachetonas que hoy me afloran en un pensamiento presuntuoso de “estas gracias sólo las comprendo yo en reserva”.
Volviendo al autor, es Increíble la vigencia de su pensamiento pisciano, escópico y específico a la vez.
Mientras esto ocurre, porto a las salas de espera La Casa Desolada de Dickens, otra maravilla.
Como siempre, Tarde para todo saluda y se reporta temprano en la sorpresa.
Es menester que atravesado el enjambre de la vida un alma piadosa envíe carta documento anoticiando tan lamentable acontecimiento a mi fantasmal eficacia.
Desmayada por Victor Hugo
– July 15, 2008Posted in: autodidacta
