Que todo en mi es posible salvo riqueza y desborde (aunque lo segundo es relativo, pero pongamoslé al desborde tinte rojo que todos hemos dibujado en ausencia y otros experimentado en presencia).
Entonces retozando en el bosque de Pinamar, un poco encerrada por lo que supuse sudestada y otro tanto autoconvocada al silencio, aún ante terceros amistosos, susurróme la voz despechugada de estructura en los siguientes términos:
El destino me avisa que tu corazón tiene brazos como para astillarme las costillas
Yo le dije que “llarme-llas” no me gustaba demasiado, pero ella dijo que dale así nomás y luego intercambiamos impresiones sobre diferentes crujientes que venían al caso; por ejemplo los piñones, las garrapiñadas y los alfeñiques, descubriendo que la Ñ de antojo latinoamericano, está asociada a la fractura y el sabor. Por eso los niños al caerse buscan lamer sus heridas, sólo por tener una ñ astillada por allí.
_”Llada-llí”_ me azota el susurro en la nuca.
_ Y qué?_ respondo.
_ Otra excusa para ver si la” LL” es una letra o simplemente lánguidas piernas de ninfa subtropical apantallando licores entre un cáliz mas o menos chiquito, así, como del jueguito de copas guardadas desde el casamiento del colibrí o la libélula con el alguacil; nunca lo sabremos…
_ Pero podemos afirmar es que una “LL” bien pronunciada requiere escenarios de vapor (una catarata, jamás una tintorería), calor sofocante (nunca heladas atomizaciones), tierra roja y bichos pinchudos.
_Es cierto!
_Nunca podré pronunciar una “LL”
_ Yo tampoco, pero nos gusta.
Podemos seguir buscando el remate para “El destino me avisa que tu corazón tiene brazos…” en un verbo crujiente de sabroso pero no de doler?