Ayer cometí el error de cruzar por TV uno de esos estúpidos programas en donde unos periodistas cretinos salen a la calle a hacer un mediapopulismo revulsivo. Imágenes de archivo con aquel asunto del Pasteur y la matanza de perros. Perros vivos encerrados en containers con perros muertos, basureros arrojando un perro vivo a uno de esos camiones compactadores de basura… unos tipos discuten en off_ con esa puesta tan perturbadora de la cámara oculta, eufemismo de una hiperrealidad_ sobre la validez o no de tal o cual ordenanza, sobre lo lícito, una cuestión de orden y posibilidad.
Realmente a mi me importa esto. Nada más. Observo diariamente la energía que invierto en los asuntos de los hombres y me asqueo. El cuerpo experimenta síntomas de todo tipo para la hipocresía el dolor, la superficialidad o la indiferencia. Me informo sobre cumbres energéticas, de alimentos, de seguridad. Desde allá el Charles me manda sus papers con proyecciones económicas fatales, me recomienda unos talleres de supervivencia y otras hipocondrias apocalípticas.
Yo no puedo estar tanto así, claro; pero por un instante al ver esas imágenes tuve deseos de salir a matar. Así. Salir a matar. Tampoco me asombra ni es novedad, pero creo que es el más conveniente momento para la diáspora y el alejamiento. No por una cuestión de criterio sino de éxito. Quiero decir, cuántos cretinos hay que liquidar? Me alcanzarán las balas? Tendré horario de almuerzo?
Por eso confío en el cósmico infinito. Es hora del caderazo. Lo pesadillan los espirituosos, lo calculan los cientistas, lo pretenden abandonar en botes de auxilio los poderosos, crueles e inescrupulosos.
Procuraré estar en ese campo limpio, con prendas leves y embistiendo el destino desde la dureza de estas astas.
Mal, naturaleza y cambio de mazo
– May 23, 2008Posted in: a la Solari Parravicini, fantaciencia