Domesticar al tiranoganso

No encuentro sentido en correr ese ganso para cortarle la pluma que al bies me convierta en escritor. Tal vez luchemos y deje mi cuerpo maltratado como fruta rodante por el temporal. Posiblemente se manifieste en grave español, sorpresa que desencajaría para siempre el resorte de esta base y allí, una corte de médicos tomando apuntes de pociones reguladas a cartabón; intentando entre sístole y diástole volverme al cauce.
Apenas me vea aparecer por el patio doblará su garganta de esquela inútil, volteando el ojo naranja hacia arriba, con el mentón _si lo tuviera_ sospechado de eterna desconfianza.
Ese monstruo es un ave vengadora y la noche enredará sus patas con caireles de rocío, para que en el descuido de trompo terminando su gracia, le azote una mano humana entre el costado volador logrando así robarle la propiedad jurásica del habla.