Minotauro se hace socio del club La Nación y le regalan dos entradas a una Feria

En el dorso tiene estampado un juego, troquel de cotillón, papel picado y todo brilla

…”Aquí surge algo
Se recomienda a los visitantes que acudan el último día y que se queden a esperar el cierre definitivo, la sirena, la última campanada. La reacción de los que estuvieron trabajando en ella durante más de veinte días es tan desmedida, la euforia es liberada con tanta energía, que uno se pregunta qué habrá pasado, qué habrá sufrido esa pobre gente. Actúan como penados a los que acaban de informarles que ha entrado en vigencia una amnistía. O actúan como deben de actuar los soldados en el frente de batalla cuando se enteran que la guerra ha terminado. Hacen falta dosis exageradas de sufrimiento para alegrarse así.
Y lo cierto es que es así. Un vendedor de una prestigiosa distribuidora de libros españoles en la Argentina explica:
“Cada año, cuando llega el momento de hacer los arreglos de honorarios para venir a la Feria, me acuerdo de lo que sufrí el año pasado y aumento mi cachet, esperando que me lo nieguen. Pero siempre aceptan. Y siempre, al tercer día de Feria, me doy cuenta de que una vez más, lo que pedí no es suficiente y que tengo que pedir más el año que viene”…

[publicado en Wimbleblog ]